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viernes, 2 de marzo de 2012

El país en donde imperan los "me quiero"

Japón tiene el récord mundial de abstinencia sexual, pero la industria pornográfica es muy lucrativa. Un documental revela cómo el número de solteros se ha duplicado, y cómo las parejas mayores no mantienen relaciones.


Curiosas deducciones desvela el documental El imperio de los sin sexo, nombre que hace referencia a la película El imperio de los sentidos de Nagisa Oshima. Según el Instituto Nacional de Sexología Japonés, los "sin sexo" son aquellos que tienen relaciones sexuales con una frecuencia inferior a una vez al mes.

De acuerdo con una de las terapeutas que sale en la película, Mayumi Futamatsu, "entre el 60 y 70% de las parejas de más de 40 años no mantiene relaciones sexuales". Para evitarlo se hace uso de una palabra muy recurrente: Mendokusai, o lo que es lo mismo, "estoy cansado". En 20 años, el número de solteros se ha duplicado.

Mientras que las relaciones sexuales son casi una extrañeza en Japón, la industria pornográfica y del sexo obtiene grandes beneficios cada año ante un mercado sediento que responde a la oferta. Los ingresos de este sector equivalen al 1% del PIB, unos 20.000 millones de euros al año. El sexo se publicita, está presente, se ve, y se incita a consumirlo. El mejor lugar son los supermercados del sexo. Allí se encuentran las cabinas de los video vox, donde pueden encontrarse películas porno, juegos eróticos, masajes, etcétera.

"Yo quiero a mi novia, pero cuando llego a casa y ella quiere hacer el amor, me cansa el sólo hecho de pensar que la tengo que hacer gozar", cuenta Fumiyo, un habitual visitante de estos supermercados.

Más insólitos aún son los Neko cafés, no relacionados oficialmente con el sexo, pero que sirven para que el hombre pueda relajarse acariciando los felinos.

Por lo demás, Japón se ha convertido en un país de culto al sexo fácil, rápido y superficial, que cambia poco a poco la imagen de una nación que, según el documental, está cada vez más ensimismada en el placer individual.

El documental El imperio de los sin sexo puede verse aquí:


viernes, 10 de febrero de 2012

¿Qué es la adicción al sexo?

La revelación de otro romance del presidente John F. Kennedy confirma su fama de seductor compulsivo, un impulso casi enfermizo que, en algunos casos, puede llevar a la ruina.


Treinta y cinco años antes del caso Monica Lewinsky, que casi interrumpe el mandato de Bill Clinton, otra becaria de la Casa Blanca, Mimi Alford, de 19 años, reveló que fue seducida por el presidente de entonces, John Fitzgerald Kennedy, de 45 años.

Si JFK no corrió la suerte de Clinton, que estuvo al borde de la destitución por su affaire con la becaria Lewinsky, ni la de Dominique Strauss Kahn (DSK), ex director del Fondo Monetario Internacional, que perdió la oportunidad de competir por la presidencia de Francia, para la cual era favorito, fue gracias a que vivió en una época en la cual la televisión todavía no lo había invadido todo ni la tecnología había alcanzado el desarrollo que hoy le permite exponer intimidades de las celebrities con relativa facilidad. Sus infidelidades a repetición, su historia de sórdido final con la actriz Marilyn Monroe y, más en general, su adicción al sexo, que le hacía olvidar los límites de un comportamiento acorde a su cargo no pasaron del estadio del secreto a voces o permanecieron encerradas entre las paredes de la Casa Blanca y otros escenarios de sus desenfrenos.

Su muerte violenta y prematura lo colocó más allá de las críticas y lo coronó de una aureola protectora. Quizá estas tardías revelaciones logren perforarla un poco, pero ciertamente los de Kennedy eran tiempos más discretos.

No tuvo la misma suerte DSK, cuyas debilidades por el sexo femenino fueron expuestas a la luz del día sin contemplaciones y hasta elevadas a la categoría de delitos sexuales.

Estos escándalos pasados y presentes trajeron al debate el concepto de hipersexualidad o adicción al sexo, relativamente nuevo en la psiquiatría, al menos en los términos en que se lo define hoy. Alguna vez se lo llamó ninfomanía y se lo consideró un trastorno netamente femenino. Parece que es al revés.

Si esta es la razón del comportamiento de hombres como JFK y DSK, ¿qué es exactamente ese impulso que los lleva a una actividad sexual compulsiva e irreflexiva, análoga a la necesidad del alcohólico de beber y a la del drogadicto de consumir narcóticos?

Se sabe actualmente que no sólo el alcohol, el tabaco o las drogas producen dependencia. También lo hacen el juego, Internet y el sexo. En el caso DSK surgió el tema de una adicción que habría sido la vulnerabilidad aprovechada por quienes querían sacarlo de la carrera política. Muchos de sus amigos y conocidos comentaron este comportamiento del dirigente francés, debilidad, al parecer, conocida en los medios políticos.  

En un informe publicado por la revista Slate en mayo pasado, a raíz del caso Strauss Kahn, la investigadora del Inserm (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica) Florence Thibaut, miembro del servicio de psiquiatría CHU (Centro Hospitalario y Universitario) de Rouen, Francia, explicaba que esta patología afecta entre un 3 y 6% de la población sexualmente activa y que un 80% de los casos son masculinos. Según Thibaut, se la podría definir como una "frecuencia excesiva, no controlada y creciente, del comportamiento sexual que persiste a pesar de las consecuencias negativas posibles, entendiéndose que se trata de prácticas sexuales convencionales". En concreto, no se trata de desviaciones o perversiones del tipo del exhibicionismo, el fetichismo o el voyeurismo.

Por tratarse de una adicción, genera sufrimiento, dijo el Dr. Jean-Claude Matysiak, psiquiatra y jefe del servicio de tratamiento de adicciones del hospital de Veioleneuves-Saint-Georges, citado en el mismo informe. "Es un poco como con los problemas de alimentación. Algunos son capaces de cometer excesos sin estar enfermos. Hay adicción cuando la vida del individuo está centrada en el sexo a expensas de lo demás", explica este médico, quien también descarta que la enfermedad tenga algo que ver con el poder. "Es más bien una cuestión de personalidad adictiva. Son personas que necesitan afirmarse, es una búsqueda frenética de identidad, a través de la conquista del poder o de la multiplicación de las aventuras sexuales".

No existe un acuerdo total entre los especialistas. Para algunos, la patología engloba la hipersexualidad, los comportamientos sexuales compulsivos y las perturbaciones del control de los impulsos sexuales. Pero otros, como el Dr. Willian Lowenstein, director de la clínica especializada Montevideo de Boulogne, prefieren situar "la hipersexualidad en el borde del mundo de las adicciones".

Otros engloban en esta definición elementos tales como la masturbación compulsiva, la dependencia de drogas ilícitas, el sexo anónimo, pago o intrusivo (partiendo del abuso de poder), el consumo de pornografía, el sexo telefónico y el cibersexo.

La adicción al sexo sería la imposibilidad de resistir a losimpulsos  sexuales, la dedicación de un tiempo creciente al tema, el fracaso de los intentos de autocontrol, la peristencia en estos comportamientos a pesar del riesgo (enfermedades venéreas, trastornos judiciales, divorcio, pérdida del trabajo).n

La hipersexualidad tiene algunos puntos en comú con los trastornos obsesivos compulsivos (TOC) y, por lo tanto, se preconizan tratamientos parecidos. Algunos especialistas se inclinan por fármacos como los antidepresivos o los ansiolíticos y otros, por terapias de comportamiento. Al parecer, el golfista Tiger Woods, a quien la adicción le hizo perder a la esposa y con ella varios millones de dólares, habría optado por la segunda alternativa para tratar su problema. Para ello, se internó en un sitio de prestigio: Pine Grove, Behavioral Health and Addiction Services, en Hattiesburg, Mississippi.