miércoles, 24 de octubre de 2012

Una nueva generación de 'promesas'


Nace la WYA-Madrid, la nueva plataforma española de esta ONG internacional que tiene presencia permanente en Naciones Unidas. Todos sus miembros son jóvenes de menos de 30 años.


En 1999, la sede de Naciones Unidas de Nueva York abrió sus puertas a treinta y dos jóvenes. Es una escena poco usual. Líderes mundiales tratando de dar forma a un programa de Acción para los próximos 20 años en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo y un grupo de estudiantes exigiendo una serie de peticiones. 

Sin embargo, no abordaron las necesidades básicas de la juventud como el acceso a agua potable, higiene, educación, nutrición, cuidado de la salud y empleo. Por esta razón, la mañana siguiente otra joven de 21 años, la canadiense Anna Halpine, decidió entrar en la asamblea y distribuir volantes rosados muy vistosos que afirmaban que ese grupo de 30 no representa a todos los jóvenes del mundo. 

Esta estudiante exigió un debate sobre los temas que abordan los derechos humanos básicos y las necesidades. La declaración fue bien recibida y Halpine consiguió mantener una presencia permanente en las Naciones Unidas y el visto bueno para trabajar con los jóvenes de los países de los delegados. 

La necesidad de una fuerte y reflexiva voz juvenil en los asuntos internacionales que promoviese la dignidad era evidente y con el nacimiento de la World Youth Alliance (WYA) empezaba a ser algo real. 

En la actualidad, la WYA tiene representación en Bruselas y en más de 160 países de los cinco continentes. A pesar de que más de un millón de jóvenes de más de 100 nacionalidades se han sumado a esta iniciativa, en nuestro país nadie había movido ficha hasta el momento. El pasado 18 de octubre se inauguró la WYA-Madrid. Más de 30 jóvenes españoles –la mayoría estudiantes– han decidido involucrarse en esta coalición mundial. 

Para entender el nacimiento y desarrollo de la WYA-Madrid hay que mirar a sus orígenes. "Este verano conocí la WYA en Guadalajara (México) a través de una profesora de la Universidad Panamericana. Al llegar aquí encontré a gente que podía interesarle y... fue todo bastante natural, la verdad", relata Consuelo Martínez Priego, doctora en filosofía y psicología y promotora de las actividades de esta ONG en la capital. 

La murciana María García Casas, 23 años, fue una de las primeras en acudir a la primera cita para interesados que se convocó el pasado 30 de agosto. "En el primer encuentro éramos tan solo 6, con Consuelo a la cabeza. Conocimos más en profundidad qué significaba y pensamos a quién contárselo. En la segunda reunión ya éramos 15. En la actualidad, somos unos 35 jóvenes", comenta esta alumna del Máster de Relaciones Internacionales y Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid. 

Aunque la WYA ya tiene las piezas fundamentales –jóvenes implicados y reconocimiento en la opinión pública– debe superar un trámite más. Para abrir una sede oficial como las del resto del mundo todos sus miembros tienen que someterse a un período de formación que se conoce como trak-a y uno de ellos debe realizar una estancia de prácticas en la sede central de Nueva York. 

"En este proceso los chicos tienen que leer y estudiar más de 500 folios, artículos interesantes... y realizar un examen por Skype. Si lo superas, te acreditan y ya eres miembro activo", explica Consuelo. "Superarlo es uno de nuestros objetivos del año. El grupo que nos presentamos –unos 20 en total– hemos planificado conseguirlo como máximo el 17 de marzo", puntualiza María. 

En la actualidad, WYA-Madrid todavía no es una realidad jurídica y depende directamente de la sede de Bruselas. Sus promotores estiman que a principios del año que viene se abrirá definitivamente la oficina española. 

Su organización es otra cosa que no está estructurada. "Todos tenemos el mismo peso, sin competencias concretas; pero cuando se abra la oficina de Madrid, será necesario que haya una o varias personas contratadas que coordinen todo". Aunque hasta el momento los gastos los están cubriendo ellos mismos, a largo plazo la WYA-Madrid, como el resto de sedes, está buscando patronos, el apoyo económico de empresas públicas y privadas. 

Uno de los sueños –y para muchos de ellos no tan irreal– es que la Princesa de Asturias, Doña Letizia Ortiz, sea la madrina de este proyecto. Hasta ahora han recibido el apoyo del vicepresidente del Grupo Popular en el Parlamento Europeo, Jaime Mayor Oreja. 

¿Eruditos o gente normal? 
Aunque la mayoría de los jóvenes de la WYA-Madrid cuenta con dos carreras y dos o tres idiomas, no se exigen muchos requisitos para participar en esta ONG. El primero y elemental es que sólo se puede ser miembro activo hasta los 30 años. "Con este parámetro se quiere garantizar que es una asociación de gente joven. A partir de los 30, puedes ser amigo de la WYA. Esta renovación es muy positiva", explica María García. 

En cuanto a la formación académica, no hay un perfil concreto. "Ahora mismo la integramos gente de Derecho, Periodismo, Geología, Ciencias Políticas..." 
El idioma es el tercer elemento clave de estos jóvenes aunque no esencial. "Es necesario desde el punto de vista del trabajo pero trabajar desde aquí no exige conocer otros idiomas", comenta. 

Las hazañas 

Una de las grandes proezas de la WYA que reconocen todos es cómo se creó. "Nuestra fundadora Anna Halpine, me parece que ha logrado algo formidable: involucrar a jóvenes de los cinco continentes. Es conmovedor que con 21 años consiguiera dar luz a lo que hoy es una ONG mundial", confiesa Salvador Andrés de 26 años. 

Aunque para este madrileño también es inolvidable un proyecto de la WYA-África que promueve la dignidad de la vida en los barrios más pobres en la región de Kibera en Camerún. "Ngala Blaise, el joven que inició el proyecto hoy dedica dos días a la semana a educar a esos menores. Para él el deporte es la forma con la que transmite a los niños valores que sin duda les servirán cuando lleguen a la edad adulta", nos explica. 

Para Rocío Vicens, 23 años, estudiante del máster de Cooperación Internacional de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), hay otro hito que conmueve: "La ayuda que se prestó en Filipinas para lograr apoyar una ley provida frente una pro aborto". 

De manera más reciente se ha logrado que la Unión Europea no destine ningún tipo de ayuda económica para la práctica de mutilaciones genitales femeninas en muchos países de Oriente Medio que se presentaban como programas de salud sexual. "Y se han llevado ante la ONU a jóvenes sirios para que sean un testimonio real de la situación en Siria y la ONU adopte una posición al respecto...", nos cuenta María García Casas. 

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