viernes, 20 de abril de 2012

¿Existe una burbuja universitaria en nuestro país?


El ministerio de Educación aprueba una reforma universitaria marcada por la austeridad. Según el Gobierno, hay demasiadas universidades y poca excelencia.


El lunes pasado la Universidad pública española arrancó su semana negra o blanca, según como se mire.

Negra, porque la crisis ha obligado al Gobierno central a realizar un fuerte ajuste en el gasto educativo, estimado en unos 3.000 millones de euros –esta cifra se une al tijeretazo de 27.300 millones que ya recogen los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el 2012– y ha aprobado la creación de una Comisión de Expertos para impulsar una profunda reforma del sistema universitario español. El Ejecutivo tiene clara su intención: conseguir una "mayor racionalización, eliminación de duplicidades y eficiencia en la gestión de los grandes servicios públicos". 

La reflexión que ha realizado el ministro de Educación, Cultura y Deporte José Ignacio Wert ha levantado distintas ampollas o inquietudes: ¿Por qué en España contamos con tantas universidades públicas? ¿Y si reducimos el número para ahorrar costes, mejorar la calidad de enseñanza y subir en los ránking internacionales? ¿Van a estar dispuestas todas las comunidades autónomas a reducir...? ¿Alguna comunidad se va a ver obligada a desprenderse de alguno de sus centros de Educación Superior? ¿Tan mal estamos...? 

La semana también puede verse blanca, porque según Federico Gutiérrez-Solana, rector de la Universidad de Cantabria de 2002 a 2012 y anterior presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, la reacción del Ejecutivo "es una buena noticia. Desde las universidades estábamos reclamando que hubiera un marco de análisis. La creación de esta comisión –a la que insta a reunirse con la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE)– es absolutamente necesaria para planificar la Universidad en torno a la demanda. Y debemos pensar que es un proyecto común para hacer este país más competitivo. Es la manera de que la sociedad entienda y quiera más la universidad, porque el resto de países tienen un modelo superior al nuestro..." 

Sobre la visión negativa que se haya podido desprender de nuestros centros, Gutiérrez-Solana aclara que "tenemos que ver en qué situación estamos. Ni lo que diga el ministro ni yo importa. No tenemos la mejor universidad del mundo pero tampoco la peor. Fing Erling, Nobel de Economía, afirmó el año pasado que España tiene buenas universidades y eso es lo que hace el país atractivo a los inversores. Lo que tenemos que generar es confianza, interna y externa, porque los valores del futuro están en el conocimiento como tal y nos lo jugamos", sentencia Gutiérrez-Solana. 

¿Sería posible la fusión? 
No todas las universidades tienen que ofertar todos los títulos, mejor convertirse en centros especializados en el área en el que se tenga más reclamo y prestigio. Ésta es otra de las ideas fijas que mantiene el ministerio. 

Y es que un 30% de los títulos tienen menos de 50 alumnos de nuevo ingreso, el número mínimo de estudiantes de referencia para su optimización económica. Es lo que podría bautizarse como una 'burbuja universitaria': durante mucho tiempo en nuestro país las administraciones han dejado rienda suelta a las universidades para crecer tanto en su oferta académica como en sus espacios físicos. 

Esta realidad plantea la posibilidad de que haya comunidades autónomas que decidan centralizar la formación académica en una única universidad pública –aunque en un primer momento esto suponga que no desaparezcan todas como tal–, pero sí que defender que sólo se imparta una sola titulación de Medicina, Periodismo, Derecho, por ejemplo, en toda la región y que el estudiante se tenga que desplazar, en las grandes superficies como Andalucía, Comunidad Valencia, Galicia, de su propia ciudad a otra localidad. 

Existe una medida que puede ayudar a algunos centros públicos a aunar fuerzas. Galicia, Cataluña y Castilla y León han sido las primeras comunidades en ponerla en marcha. Consiste en condicionar la continuidad de los títulos a un número mínimo de alumnos. 

En la región gallega, por ejemplo, se ha establecido que para que se imparta un título de grado se deberá contar con 50 estudiantes de nuevo ingreso (en 1º). En el caso de los másteres, 20; y los programas de doctorado, 10. 

En Cataluña, se ha propuesto un mínimo genérico de 40 alumnos para cada grado universitario. Y en Castilla y León se baraja esta misma posibilidad, y el recorte de titulaciones de los cuatro centros públicos para evitar duplicidades y reforzar el prestigio de las carreras que se mantengan. 

"Esta corrección es necesaria pero hace falta que sea de una manera planificada globalmente aunque dependamos de las comunidades autónomas", explica el anterior presidente de la CRUE. "Es un reto que las universidades ya habíamos apuntado... Por ejemplo, con los proyectos de Campus de Excelencia Internacional ya se ha realizado una primera evaluación de los pontenciales de especialización de cada universidad. Pero esto tiene que ir acompañado de ofertas que favorezcan la movilidad de los estudiantes, un gran déficit que tenemos que solventar", apunta. 

¿Sobran universidades?
Si comparamos el número de universidades públicas en nuestro país con el resto de Europa, la 'burbuja' que de alguna forma ha dibujado el ministerio de Educación no existe. 

El pasado viernes Mario Bedera, portavoz de educación del PSOE, respondió al planteamiento de Wert: "El número de universidades públicas en España (50) está por debajo del que presentan otros países de nuestro entorno europeo como Reino Unido(124), Alemania (88), Francia (80) e Italia (61), con un índice de instituciones académicas por habitante en España que está también por debajo del de estos países". 

Otro dato a tener en cuenta es que en España la inversión anual por estudiante es de 5.500 euros, lejos de los 7.300 euros de Francia, los 12.000 euros de Finlandia y los 16.500 euros de Holanda. 

"Otro de los argumentos fáciles, a los que solemos acogernos para medir la valoración de los centros, es el tema de los ránkings", comenta Gutiérrez-Solana. "Un ejemplo lo tenemos con la Universidad de Cambridge y la Universidad de Barcelona. Son de las mejores, pero el presupuesto por alumno de Cambridge equivale a 10 de Barcelona y por cada profesor de la británica la catalana invierte en 6... El problema es que los modelos son muy distintos". 

Existen dos internacionales de referencia: el de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, que se publica desde 2003, y el de la publicación británica Times Higher Education (THE), de 2004. Estos estudios han llegado a tener tanto impacto que llegan a condicionar políticas y a impulsar reformas innecesarias.

A pesar de ello, el ministro José Ignacio Wert lo ha tomado como primera razón para encabezar el comunicado oficial de su reforma educativa. "El gasto público en Instituciones de Educación Superior respecto al PIB en España se sitúa en los niveles de laOCDE(1,2%) y el gasto por estudiante respecto al PIB per cápita en el 40%, casi al nivel del 41% de la OCDE. A pesar de esta notable inversión, los resultados son insatisfactorios: No hay ninguna universidad española entre las 150 mejores del mundo".

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