viernes, 2 de noviembre de 2012

El cocodrilo de Lacoste pasa de ser francés a suizo


“Ya no podíamos convivir juntos, ni gobernar de una manera racional. La familia se ha escindido y nadie puede guiar la empresa”. El veredicto es desolador cuando en uno de estos bandos está el padre –Michel Lacoste, autor de la frase– y en el otro su hija Sophie, y cuando el objeto de la disputa es una de las marcas de moda más internacionales, famosa por sus polos con el logo del cocodrilo.


La guerra de poder que vive Lacoste desde hace meses va a acabar por dejar la marca francesa bajo el dominio del árbitro en medio del fuego cruzado: el grupo suizo Maus Frères.

El conflicto se desató hace un mes, cuando Sophie Lacoste desbancó en la presidencia del grupo a su padre, que defendía como sucesora a su sobrina, Béryl Lacoste. Tras la polémica maniobra, el destronado llevó a la hija traidora a los tribunales, y pidió que se anulara la votación.

Para asegurarse de que Sophie no se salía con la suya, el exdirectivo y los accionistas que, como él, sostenían la candidatura de la sobrina, firmaron un acuerdo para vender su parte de capital (el 30%) a Maus, que también distribuye las marcas Gant, Aigle y Parashop.

“Un grupo de accionistas, entre ellos Michel Lacoste, ha decidido vender sus acciones al grupo”, ha comunicado la compañía helvética. Presente en el capital de la marca gala desde 1998, Maus (propietaria de Devanlay, que tiene la licencia de los polos), ya poseía el 35% de los títulos, así que se convertirá en su accionista mayoritario.

Michel Lacoste habría vendido su parte por una cantidad entre 300 y 400 millones de euros, según Le Journal du Dimanche. El precio total de la transacción sitúa el valor de Lacoste entre 1.000 y 1.250 millones de euros.

“No quiero poner en peligro el futuro del grupo, que emplea a casi 30.000 personas en el mundo. Nuestras querellas perturban el trabajo de estos equipos”, dijo Lacoste al citado medio.

Un as en la manga

Al otro lado de la trinchera está Sophie Lacoste y los accionistas que la apoyan. Aún les queda un as en la manga, pues tienen una opción de compra sobre los títulos del clan paterno. Para ello necesitan encontrar un bolsillo que les financie los 300 millones necesarios para contraatacar.

El grupo PPR, de la familia Pinault, que tras la venta de Fnac quiere concentrarse en la moda, ha mostrado su interés por comerse al cocodrilo, aunque, según Michel Lacoste, “el desarrollo de la marca está ligado a Maus. PPR es libre de entrar en el juego, pero le puede costar muy caro”.

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