jueves, 18 de octubre de 2012

S.O.S. Mi jefe está de mal humor


El estado de ánimo del superior influye en la labor del equipo. Si el jefe está contento, los colaboradores trabajarán mejor. En cambio, un ambiente donde impera el miedo y la intranquilidad empeorará el rendimiento. El directivo debe gestionar las emociones para dirigir a sus subordinados, aunque estos tampoco tienen que dejar que el estado de ánimo de otros les afecte demasiado.

¿De qué humor viene hoy el jefe? Dependiendo de la respuesta, la jornada laboral podrá ser productiva y agradable o basada en el miedo y la tensión. “El superior lo es todo en el trabajo. Uno no deja su empleo por la compañía, sino por el jefe. Y el equipo actúa según las emociones”, explica Carlos Monserrate, socio de Odgers Berndtson. Y para muestra, un botón: “El directivo ve que han caído las ventas, se enfada y grita. Sus colaboradores actúan entonces con miedo, provocado por el enfado, no por la caída de las ventas. La actitud del superior genera acciones a través del miedo que suscita el grito”.

Por tanto, no es una leyenda que el estado de ánimo del jefe influye en los empleados. Enrique Alcat, director del programa de gestión empresarial y dirección de comunicación del IE Business School, avisa: “No se puede tomar las decisiones en función del buen o mal humor del jefe o del momento concreto. Se necesita que los superiores tengan estabilidad emocional, porque sus decisiones y la forma de transmitirlas repercuten en el ánimo y, por consiguiente, en la productividad y eficacia de sus subordinados”.

Por eso, Monserrate señala que “si quieres gestionar a tus colaboradores, gestiona primero tus emociones. Una de las labores del jefe es hacer que el equipo trabaje más y lo haga bien. Pues las emociones deben ir encaminadas a ese fin. Los empleados tienen que ver la utilidad en el entusiasmo de su superior”. El humor del directivo actúa como termómetro en el grupo de trabajo: si el jefe llega echando la bronca, creará mal ambiente. En cambio, si llega contento, será todo lo contrario.

Efectos positivos

Buen ambiente laboral, desestresante, motivadora… Los efectos de la risa son numerosos y positivos. A estos beneficios conocidos, Alfonso Alonso, socio director de ADS Consultant, añade que “el humor está al servicio del trabajador, facilita la comunicación, es un método de cohesión social y, en general, se entiende como algo bueno”.

No obstante, Alonso prefiere hablar de optimismo más que de humor en el puesto de trabajo. Este experto entiende por optimismo el deseo de ver el futuro de forma positiva independientemente de las circunstancias. Y añade que “un trabajador optimista tiende a hacer juicios más benévolos, a generar formas de pensamientos más flexibles, es creativo, tarda menos en tomar decisiones y está motivado”. En general, son todo ventajas.

Sin embargo, las circunstancias actuales hacen que el ambiente de trabajo que reina en las organizaciones no sea del todo motivador. Los mensajes económicos, los recortes de diverso tipo, los despidos y la necesidad de aumentar ventas y generar beneficios inundan las oficinas de incertidumbre. A pesar de esta situación, Alcat considera que “cada uno debe poner de su parte para que ese ambiente sea el mejor posible. Depende de todos, no sólo de la dirección, aunque sea la propia empresa la que propicie ese entorno”.

Un buen entorno laboral no significa crear un ambiente ficticio de alegría y buen humor, sino de no generar malas sensaciones. “Hay que evitar tener emociones que hagan daño, que sean negativas. No se puede engañar al trabajador, por eso, no se trata de crear un buen clima si las sensaciones no son legítimas”, expone el socio de Odgers Berndtson. En este sentido, este experto enumera tres emociones que no son útiles para el equipo y que todo jefe debería evitar:

1. Cólera: Transmite impotencia, la sensación de que el superior está desbordado y no puede más. 
2. Desconfianza: Esta sensación genera dudas en las partes y provoca que no se pueda trabajar. La desconfianza se crea por el miedo. 
3. Impotencia: Se produce cuando el jefe dice: “Ya no podemos”. Esta actitud bloquea y desanima.

Qué puede hacer el equipo

El jefe está desbordado, el jefe grita… y el equipo sufre las consecuencias. La recomendación de los expertos para sobrellevar esta situación es intentar que las circunstancias afecten lo mínimo posible y de poner límites. “Es algo que le está pasando al superior, no al equipo. Los colaboradores no se tienen que sentir mal porque el jefe grite”, aconseja Monserrate, quien añade que “es el empleado el que pone el límite. ¿Por qué voy a permitir que me griten? Yo decido hasta qué punto me afectan las emociones de otros”.

Por su parte, Alcat explica que “hay que evitar exponerse a males mayores y procurar una estrategia de acercamiento. Pensar en la otra parte”.

Las circunstancias actuales no invitan a la sonrisa, pero se debe hacer un poco de caso al refrán que dice “al mal tiempo, buena cara”. Así que, sonría por favor, su equipo se lo agradecerá. 

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