lunes, 22 de octubre de 2012

Pasar del desayuno una ‘mala idea’


Científicos del Imperial College de Londres, en Reino Unido, han demostrado con el uso de escáneres cerebrales que aquellas personas que se saltan el desayuno suelen horas más tarde tener más ganas de ingerir alimentos grasos y ricos en calorías.


Así se desprende de la investigación presentada en el congreso Neurociencia 2012 que se celebra en Nueva Orleans, Estados Unidos, tras observar cómo el cerebro de estas personas responde de forma diferente ante estos alimentos. Además, también vieron como el ayuno matutino les hacía comer luego más durante el almuerzo.

Según los científicos, el hallazgo muestra el desafío que representa tratar de perder peso, ya que dejar de comer hace más atractivos a los alimentos calóricos.

Estudios previos ya habían demostrado que el desayuno calma el apetito. Sin embargo, el doctor Tony Goldstone y su equipo querían saber qué ocurre dentro del cerebro y cómo esto altera la forma en que una persona consume alimentos.

En el estudio participaron 21 hombres y mujeres de peso normal y 25 años de edad de media. Para la investigación, llevada a cabo durante dos días, se les mostraron fotografías de alimentos ricos en calorías mientras se les colocaba en un escáner de imágenes de resonancia magnética funcional (MRIf) en la universidad.

Se les pidió que calificaran en qué medida les apetecían una serie de alimentos, que incluían chocolate, pizza, verdura y pescado. En uno de los días, se pidió a los voluntarios que no desayunaran antes del escáner. En el segundo día se les dio, una hora antes del escáner, un desayuno de 750 calorías basado en cereales, pan y mermelada.

Los dos días después de los escáneres los voluntarios comieron un almuerzo en el que podían consumir todo lo que desearan y, según han explicado los investigadores en la BBC, saltarse el desayuno provocó que el cerebro produjera una "predisposición" hacia los alimentos ricos en calorías.

LA CORTEZA ORBITFRONTAL SE VUELVE MÁS ACTIVA

Los escáneres mostraron que la región del cerebro que se cree está involucrada en la atracción a los alimentos, la corteza orbitofrontal, se volvía más activa cuando el estómago estaba vacío.

Además, los individuos que no habían desayunado comieron un 20 por ciento más calorías cuando se les ofreció el almuerzo al final del día.

El ayuno prolongado, dicen los científicos, parece crear una tendencia para que ciertas regiones del cerebro "graviten" hacia este tipo de alimentos cuando la persona eventualmente recibe comida.

"Tanto en los escáneres de los participantes como en nuestras observaciones de cuánto comieron en el almuerzo, encontramos amplia evidencia de que el ayuno hace a la gente más hambrienta", ha explicado el doctor Goldstone, lo que hace que se "incremente el atractivo de los alimentos ricos en calorías y la cantidad que la gente come".

Esto tiene sentido, según ha apuntado, desde el punto de vista evolutivo "cuando la persona se encuentra en una situación negativa de balance de energía". "La persona no va a perder tiempo eligiendo una lechuga", reconoce el investigador, quien añade que "una razón por la que es tan difícil perder peso es porque se incrementa la atracción de los alimentos ricos en calorías".

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