martes, 16 de octubre de 2012

Los ratones copian las ‘serenatas’ ultrasónicas de otros machos


Los ratones tienen la capacidad de imitar sonidos ultrasónicos de otros machos, según un estudio que se publica esta semana en la revista PLoS ONE.


"En nuestros experimentos hemos visto que los cerebros de los ratones tienen algunas características similares a las que usan los humanos para aprender a hablar y algunos pájaros cantores para aprender una canción", señala Erich Jarvis, uno de los autores de este trabajo.

"Si no estamos equivocados, estos hallazgos serán de gran utilidad para las investigaciones sobre enfermedades como el autismo y los trastornos de ansiedad. Los científicos que estén estudiando los efectos sobre la comunicación vocal de esas enfermedades en modelos de ratón, van a poder  al fin conocer el sistema cerebral que controla la vocalización en ratones, asegura Jarvis, investigador en Howard Hughes Medical Institute, en Chevy Chase, Maryland (EE UU).

Este investigador reconoce que el descubrimiento es controvertido porque contradice una vieja idea, que se ha mantenido durante 60 años, de que los ratones no tienen ningún rasgo de aprendizaje vocal.

Circuitería cerebral de sonidos parecida a la humana

La investigación sugiere que los circuitos cerebrales para comunicación vocal en el cerebro de los ratones son más parecidos a los del cerebro humano que los que usan los chimpancés y otros primates no humanos para emitir sus sonidos.

"Es un estudio muy importante con grandes hallazgos", dice Kurt  Hammerschmidt, un experto en comunicación vocal en el German Primate Center, que no ha participado en el estudio. Sin embargo, se muestra más cauto con algunas afirmaciones del trabajo que señalan que, si los ratones son capaces de aprender vocalizaciones, pueden ser un buen modelo para estudiar la base genética de la evolución del lenguaje.

En el experimento los investigadores utilizaron marcadores de expresión genética que iluminaron las neuronas en la corteza motora del cerebro de los ratones mientras cantaban. Después dañaron las neuronas implicadas en el canto y observaron que los ratones no podían continuar cantando ni repetir los sonidos de una manera consistente. Lo mismo ocurría cuando el ratón se quedaba sordo.

También usaron un rastreador inyectable para registrar las señales que controlaban la canción mientras se transmitían desde las neuronas de la corteza motora a las del bulbo raquídeo y más tarde a los músculos de la laringe. “Esta evidencia de proyección directa fue una gran sorpresa”, concluye Jarvis.

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