martes, 15 de mayo de 2012

El metano en el Ártico acelerará el cambio climático


En el hallazgo ha participado el profesor de Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Colombia Rodrigo Jiménez.


En el hallazgo participó el profesor de Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Colombia (UN), Rodrigo Jiménez Pizarro, quien trabajó junto con un grupo de expertos mundiales en un monitoreo aéreo hecho sobre el Ártico. El profesor Jiménez manifiesta que el proceso observado podría ser una fuente significativa de metano aún no contabilizada.

Dice, además, que el metano es un potente gas de efecto invernadero cuyo incremento está afectando el clima mundial y explica que este, en términos de calentamiento global es 21 veces más poderoso que el bióxido de carbono, aunque solo permanece una décima parte del tiempo que este último en la atmósfera.

El profesor hizo parte del grupo de científicos que desarrolló la campaña “Hippo” (Hiaper Pole to Pole Observations), el cual realizó mediciones atmosféricas de polo a polo, a bordo del avión científico “Hiaper”, del National Center for Atmospheric Research (NCAR), organismo estatal de Estados Unidos.

Para adentrarse en su análisis y en los resultados del hallazgo, el profesor Jiménez indica que el cambio climático tiene dos motores principales: cambios en la composición atmosférica y modificaciones en la superficie del suelo. Con la deforestación o cambios en la tierra, el suelo absorbe más radiación; mientras que en el de composición atmosférica, los jugadores principales son los gases de efecto invernadero de larga vida (el bióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso).

Entre estos gases, el metano ocupa el segundo lugar en importancia después del bióxido de carbono. Dos terceras partes del metano son producidas por actividades del hombre, como la ganadería y una tercera parte proviene de humedales y pantanos.

Una de las preocupaciones ratificadas hoy está en el Ártico. Según el profesor, y haciendo la comparación, esta región es al cambio climático, lo que los canarios son a la pérdida de oxígeno en las minas. Si el canario se muere, es que se está acabando el oxígeno en el socavón. Si el Ártico empieza a sufrir, las cosas no van bien desde el punto de vista climático. “Es un sector muy sensible, porque la reflectividad más alta de la radiación solar es la de la nieve, y una de las más bajas es la del agua. Esto quiere decir que cuando el hielo se derrite, se parte, forma espacios de agua que, a su vez, se calientan significativamente y derriten el mismo hielo, y así sucesivamente; entre más hielo se derrite, más se calienta el agua, más hielo se derrite… como en un círculo vicioso; científicamente es denominado «ciclo de realimentación positiva»”, aclara.

Explica que, en esos procesos, las especies vegetales que habitan regiones como la tundra y la taiga están acostumbradas a tomar su energía en los tres meses de sol que tienen, y después quedan cubiertas de hielo durante nueve meses. Eso significa que la materia orgánica del año anterior probablemente sigue allí, sobre hielo. Esto ha sucedido durante millones de años. “En el Ártico hay una cantidad enorme de materia orgánica escondida, guardada. Si el Ártico se deshiela, esa materia quedaría expuesta al oxígeno y se convertirá en CO2 por acción de bacterias. Con el solo hecho de que haya agua, hay vida anaeróbica, la que genera metano en su proceso metabólico. Y eso parece que fue lo que encontramos”, remarca.

Aclara que el hallazgo también pasó diversos controles, entre ellos, determinar científicamente que no se trataba de fugas en los depósitos de metano de la zona, como el más grande del mundo, el de Prudhoe Bay, en Alaska.

Cara y cruz

El experto afirma que podrían existir dos posibles explicaciones para este hallazgo de emisiones de metano, algo que había sido previsto por otros científicos. La primera, dice, es menos preocupante. Hay suficiente carbón en el Océano Ártico Continental, para que formas de vida anaeróbica generen metano, el cual se acumula y se escapa a través de fracturas en el hielo.

Pero la segunda posible fuente sí es muy preocupante, y son los hidratos de metano. “Hay una cantidad enorme de estos debajo del Ártico, ya sea en el continente o en el mar. Sumados representarían 13 veces el total del carbono que hay en la atmósfera. Estos hidratos son estables mientras la temperatura sea muy baja, pero si esta sube, el metano podría escapar. “Solo Hollywood se atrevería a decir que esa enorme cantidad de metano escaparía súbitamente a la atmósfera. No obstante, con una sola pequeña fracción de esa cantidad, estaríamos en problemas climáticos aún más serios, como una mayor aceleración en el cambio climático y aumento de temperaturas”, afirma.

Explica que, en la actualidad, la concentración de bióxido de carbono en la atmósfera en promedio es de 395 partes por millón de carbono. A las tasas actuales de emisión esa concentración aumenta al 0,5% anual. Si no hacemos nada esto implicaría un aumento global de temperatura de casi 4 grados centígrados al final del siglo XXI. Si los procesos de realimentación positiva se activan, el aumento sería mucho mayor, con consecuencias nefastas para la vida misma (extinción de especies, alteraciones climáticas, biológicas, cíclicas, etc.).

Para los hidratos, afirma el profesor Jiménez, también hay círculos viciosos, o realimentación positiva. Entre más se caliente el mar más riesgo hay de que se libere metano. Además el aumento esperado del nivel del mar implica que vía nivel freático los hidratos cercanos a las costas se calienten y también liberen metano a la atmósfera, con todos los efectos negativos del caso.

Aclara que el cambio climático es un proceso irreversible en el corto y mediano plazo y que no hay soluciones técnicas a la vista para el problema, salvo un gran componente de adaptación y mantener los esfuerzos de mitigación. “Es como preguntar si hay soluciones técnicas fáciles para un tsunami”, puntualizó.

Los análisis del grupo fueron publicados en un artículo de la Revista Nature Geoscience –una de las publicaciones más prestigiosas del mundo de la ciencia– en su edición del 22 de abril pasado.

“No tenemos explicaciones concluyentes. Para poder hacerlo, hubiese tocado bajarse del avión y tomar muestras y mediciones en el mar. Solo adelantamos la investigación a partir de mediciones aéreas”, puntualiza.

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