jueves, 12 de abril de 2012

¿Trabajar en grupo disminuye la inteligencia?

Un polémico estudio del Virginia Tech Carilion Research Institute (VTC) afirma que esta modalidad de trabajo tiene efectos "perversos" en el rendimiento intelectual, "sobre todo en las mujeres"


Parece que más no es mejor, al menos en materia de agudeza mental. La investigación del VTC dio como resultado que "pequeños grupos dinámicos -como es el caso de jurados, negociaciones colectivas e incluso almuerzos de trabajo- pueden alterar la expresión del coeficiente intelectual en algunas personas susceptibles". Read Montague, director de la Unidad de Neuroimágenes y Psiquiatría Computacional del VTC, responsable del estudio, dijo: "Se puede bromear acerca de cómo las reuniones de comité nos hacen sentir que tenemos el cerebro quemado, pero nuestros descubrimientos sugieren que podemos llegar a actuar como si realmente lo estuviera".

Para hacer esta comprobación, los investigadores del VTC pusieron a individuos de igual coeficiente intelectual a realizar tareas en grupos y midieron su rendimiento. Encontraron, dicen, "dramáticas caídas en la habilidad para resolver problemas en algunos de los sujetos estudiados". "La interacción social tiene un efecto significativo", concluyeron.

"Nuestro estudio resalta los inesperados y dramáticos efectos que las señales sociales incluso sutiles de un grupo pueden tener en el funcionamiento cognitivo individual", explicó otro integrante del equipo, el científico Kenneth Kishida. "A través de neuroimágenes, pudimos documetnar las muy fuertes respuestas neuronales que estos signos sociales pueden provocar", agregó.

No se pudo probar en este estudio ninguna correlación entre la edad o la raza y el desempeño cerebral en grupo. Sí, en cambio, con el género. "Un patrón significativo", asegura el informe, en una conclusión que desafía lo políticamente correcto. A igual coeficiente intelectual, menos mujeres (3 de cada 13) se ubicaron en la franja de mejor resultado en grupo y muchas (10 de 13) en el de peor rendimiento.

"Este estudio nos dice que la idea de que el coeficiente intelectual es algo que podemos medir confiablemente en un individuo aislado, sin considerar cómo interactúa en el contexto social es algo esencialmente infundado", concluyó otro miembro del equipo, el profesor de Filosofía Steven Quartz. Y agregó: "Más aún, sugiere que la idea de una división en el cerebro entre lo social y el proceso cognitivo es muy artificial. Ambos interactúan profundamente uno con otro".

La importancia de estas conclusiones es obvia, si se considera que la sociedad está organizada en gran medida en base a grupos. En palabras de Kishida: "Entender cómo responden nuestros cerebros a las interacciones sociales dinámicas es un importante campo de investigación futura. Debemos recordar que la dinámica social no sólo afecta al entorno educativo y laboral, sino también a los organismos que elaboran políticas nacionales e internacionales, como el Congreso o las Naciones Unidas".

En respuesta a este estudio, la revista francesa L'Express consultó a especialistas acerca de cómo limitar el efecto nocivo del trabajo grupal para la inteligencia. Maurice Thévenet, profesor de Administración en la Essec Business School, sugiere que se debe trabajar a largo plazo. "Cuando se tiene poca experiencia, el más mínimo señalamiento es tomado muy a pecho, como fundamental... Evolucionamos hacia una sociedad de gran susceptibilidad en la cual la más mínima palabra intercambiada puede provocar sobre-interpretaciones".

Otra especialista consultada por la revista, Sylvaine Pascual, coach en relaciones profesionales, propone un remedio sorprendente: evitar el debate. "Cuando se debate, nunca hay acuerdo. Uno busca permanentemente convencer al otro, llegar a un consenso que nunca es bueno. Se toma finalmente una mala decisión aunque la mayor parte de las personas sepan que no es la buena opción", explica.

El propio Montague, en el artículo de VTC, recordaba la famosa película sobre las deliberaciones de un jurado, Doce hombres en pugna, en el cual el personaje encarnado por Henry Fonda terminaba por imponer a los otros 11 miembros del grupo su opinión -al inicio totalmente solitaria- mediante su "tranquila y persistente inteligencia". Y Montague se pregunta: "¿Habría tenido éxito si se hubiese dejado llevar él mismo por la dinámica social de ese jurado?"

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