viernes, 20 de abril de 2012

Si quiere envejecer bien, no se arrepienta de sus decisiones


Mirar hacia atrás no siempre es bueno, sobre todo a partir de cierta edad, cuando ya las posibilidades de enmendar los errores son menores.


Una de las claves para un envejecimiento emocionalmente saludable es dejar de arrepentirse por las oportunidades perdidas. Cuando somos jóvenes, reconocer que nos hemos equivocado puede ayudar a tomar mejores decisiones en el futuro. Sin embargo, la posibilidad de tener segundas oportunidades decrece a medida que cumplimos años y el beneficio de dar vueltas a nuestros errores probablemente desaparece, concluye una investigación publicada en la revista 'Science'.

Para encontrar la base biológica de este hecho, el grupo de la doctora Stefanie Brassen, del Centro Médico Universitario Hamburgo-Eppednorf, estudiaron mediante resonancia magnética funcional la actividad cerebral de adultos jóvenes, adultos maduros deprimidos y adultos maduros sanos mientras participaban en un juego de ordenador.

Durante la prueba, los voluntarios tenían que abrir una serie de cajas, y unas contenían dinero y otras una caricatura de un demonio. Cuando aparecía la imagen, el juego terminaba y los participantes perdían todo el dinero ganado hasta entonces. Después de abrir cada caja, los jugadores podían decidir si continuaban o se plantaban.Una vez finalizada la ronda, todas las cajas se abrían mostrando cuanto podían haber ganado antes de perder.

Cuando los adultos jóvenes y los maduros deprimidos comprobaban que habían perdido oportunidades para ganar más dinero, se arriesgaban más en las rondas siguientes.En cambio, los sujetos sanos no cambiaron su comportamiento.

Del mismo modo, la actividad en las regiones cerebrales involucradas en sentir arrepentimiento (estrato ventral) y la regulación de emociones (corteza cingulada) fue similar entre los jóvenes y los maduros deprimidos. Por el contrario, los maduros sanos mostraron un patrón de actividad cerebral distinto, que sugería que no se arrepentían de su elección y que estaban regulando sus emociones más efectivamente.

Finalmente, cuando los adultos jóvenes y los deprimidos descubrían las oportunidades perdidas experimentaban un aumento de la frecuencia cardiaca y de la conductancia de la piel (una cualidad que revela la actividad del sistema nervioso simpático), algo que no sucedía en los individuos sanos.

La explicación de los investigadores es que los adultos maduros sanos utilizan estrategias mentales útiles, como recordarse a sí mismos que los resultados se deben al azar, mientras que los deprimidos se culpan a sí mismos por el resultado. Brassen sugiere que entrenar a la gente a usar estas estrategias mentales podría conservar la salud emocional en la madurez.

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